Así lo cataloga Fuguet en su libro Tinta roja, y es así, seguramente, como lo entendió el periodista, poeta, fotógrafo y docente, Manuel Jesús Orbegozo Hernández, un personaje con destacada trayectoria laboral, cuyo destino tuvo final la tarde de ayer a sus 88 años debido a un cáncer terminal que lo aquejaba desde hace algún tiempo.
Con ardua alma aventurera se paseo por el mundo para cubrir eventos de importancia mundial, entre ellos guerras, epidemias, citas cumbres, desastres, olimpiadas deportivas, etc. Todos estos durante los últimos 30 años del siglo XX.
Fue profesor durante más de 30 años en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – UNMSM. Muchos lo recuerdan con absoluto cariño y de manera especial. Fue una persona entregada a su labor profesional.
Su hijo, Erik Orbegozo, dijo a los medios: “murió con tranquilidad y sin dolor”. Recalcó además que no lo recordemos sin pena, sino con alegría.
Su cuerpo musito su último aliento de vida la tarde de ayer en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas.
Este es uno de los poema escritos por él:
"Una tarde de octubre
en tus ojos hermosos
de carbones molidos
se extravió mi vida
Si la encuentras, Hajmala,
quédate con ella
Ya no me la devuelvas
Ya no la necesito"
Borges decía: “es tan corta la vida que cuando uno empieza a vivirla, se tiene que morir”. Cuánto de cierto tiene esta frase. Es mejor valorar el tiempo que echarlo a perder. Sólo nos queda decir: descanse en paz, Don Manuel. Hasta pronto.
Fuente: Diario Expreso
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